OPINIÓN. La Ciencia y el Autoritarismo

“Los libros de Einstein ardían en las piras de las asociaciones de estudiantes nazis y un ejército de físicos partidarios de Hitler, encabezados por Philipp Lenard y Johannes Stark, denigraban la teoría de la relatividad y todo lo que les oliera a física judía.” (Phillip Ball).

Por Amalio Belmonte (*)

UCV AMALIO BELMONTE 01Con gesto digno, y expresa  honestidad intelectual, la Facultad de Ciencias, mediante acuerdo de su Consejo  de  Facultad respalda el gesto equivalente de la Academia de Ciencias físicas, Matemáticas y Naturales, ante las amenazas proferidas contra esta última Institución por  uno de los centinelas de conciencia del oficialismo, quien armado de mazo, ayuno de modos y formación académica, pretende  extender hacia el mundo de la reflexión y del conocimiento, lo que sin rubor expresa el slogan imperativo de su programa televisivo: “Aquí no se habla mal de…”. Es decir, prohibido pensar o ejercer el juicio crítico, sólo se acepta la sumisión, la obediencia y el silencio.

Este propósito inaceptable para el mundo del conocimiento, caracterizado elocuentemente por la Facultad de Ciencias, constituye un vano  intento, para impedir que  los científicos venezolanos comuniquen al resto de los ciudadanos  sus diagnósticos, hipótesis y tendencias con respecto a los efectos de la Pandemia del COVID 19  sobre el país.

Este designio oficialista recuerda la situación vivida por la comunidad científica alemana,   especialmente los físicos, durante el régimen Nacionalsocialista de Adolfo Hitler, quienes por mandato   del programa ejecutado  por  Ministerio para la Ciencia, Educación y Cultura, creado para ese objetivo,  denominado  “ Deutsche Physik ” o Arische Physik,  diseñado para enfrentar la “física degenerada”, como calificaba  la Teoría  de la Relatividad  de Albert Einstein y, en términos   igualmente irrespetuosos  a los postulados de “arios” cercanos a la obsecuencia,  como Max Planck (física cuántica), Werner Heisemberg, (principios de la mecánica matricial e incertidumbre) Erwin Rudolf Josef Alexander Schrödinger, austriaco residente, principios de la Mecánica ondulatoria, Max Von Laue,  y otros más.

Los fundamentos de esta concepción racista  provenía de un libro del mismo nombre  “Deusche Physik”, publicado por Pjilipp Lenard, premio nobel de física 1904, extremista militante del NSDAP, ayudado por otro laureado y compañero de partido Johannes  Stark: “Para  ejecutar esta ignominia,  el Ministerio para la Ciencia apeló a la Ley de Servicio Público que prohibía a los no arios trabajar en la Administración Pública”. Así, fueron expulsados personalidades notables del mundo científico e, igualmente, de actividades culturales, del cine, poetas y periodistas inconvenientes para el régimen  político totalitario.

Un libro del físico y químico británico Philip  Ball “La Física en tiempos de Hitler” (2016) y la novela, soportada en datos históricos  de Jorge Volpi. “En busca de Klingsor”, recogen con minuciosos detalles los asedios sufridos por los  Centros de Investigación y Universidades para prohibir la Física moderna y expulsar  a los físicos judíos y a los “blancos judíos” (físicos teóricos).

Todas las personalidades académicas mencionadas, incluidos los fiscales de la física buena,   recibieron en su oportunidad el Premio Nobel de esa disciplina (el talento no garantiza honorabilidad) . Para evidenciar el dominio del Estado sobre la pertinencia de las investigaciones con respecto al ideario oficial. En 1934 la correspondencia académica adoptó el Heil Hitler como saludo de despedida y los profesores, particularmente quienes desempeñaban cargos directivos,  estaban obligados a prestar el juramento  de lealtad al Führer. Asimismo, fueron condicionados los recursos paras las  investigaciones, sólo percibían financiamiento aquellas que se  ajustaban a los comités de control  oficialistas para la ciencia. El ministro encargado para esta degradante misión, Berhand Rúst, se suicidó  cuando los nazis perdieron la guerra.

Expreso mi solidaridad con la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales y con la posición del Consejo de la Facultad de  Ciencias. En ambas instituciones, como en toda la Academia Venezolana, apreciamos formidables vallas para impedir el  propósito evidente del Comisario del Mazo, para prohibir  a nuestros científicos ejercer su soberanía intelectual  y  obligarles a entonar el cántico genuflexo:  “ El Supremo comandante Vive. La Lucha sigue”.

Impermeables al desaliento.
(*) Secretario de la UCV.

 

 

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